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9 octubre, 2019

Nuestra Oración De Lo Cotidiano…

Miércoles 9 Octubre

Lucas 11, 1-4

~ Cuando oren, digan: ‘Padre, santificado sea tu Nombre ~

 

La oración del padrenuestro aparece por tercera vez en nuestro recorrido de cada día ––antes fue en el martes de la primera semana y en el jueves de la undécima del tiempo ordinario. Son los discípulos quienes desean aprender a orar.

Esta oración, que abre a los seguidores de Jesús a una nueva relación con Dios ––ahora como  “Padre”–– y que se ha convertido en oración universal de todos los credos, aparece en Lucas con su forma breve ––solo cinco peticiones, a diferencia de Mateo, que añade dos más: “Hágase tu voluntad…”, y “Líbranos del mal” (Mt 6,7).

Los discípulos, que proponen a Jesús el modelo de Juan Bautista, no comprenden el cambio. Entonces Jesús les enseña a pedir por dos prioridades: la difusión de su reinado y la comunidad misma. Y en estas dos peticiones, la cotidiana presencia de la paternidad de Dios.

Redescubramos la belleza y la profundidad del padrenuestro, “la oración del Señor” por antonomasia. Veamos que Jesús no nos dio una fórmula extraña o esotérica, sino una oración familiar. El padrenuestro contiene las primeras palabras de la Sagrada Escritura que aprendemos desde niños, igual que las primeras palabras que pudimos decir, como “papá” o “mamá”. Esta oración del padrenuestro ha quedado impresa en nuestra primera memoria, plasma nuestra vida y la acompañará hasta el último aliento.

Cuando rezamos el padrenuestro nos damos cuenta de que no somos plenamente hijos de Dios, pero obtenemos la certeza de que llegaremos a serlo, y cada día más, mediante nuestra comunión con Jesús. Digamos que siempre que oramos así, estamos siendo discípulos suyos.

Recemos el padrenuestro en lo cotidiano y recojamos el espíritu con el que Jesús lo rezaba. Intentemos experimentar el sentido de la necesidad y el de fraternidad. Esta oración permea nuestra conciencia espiritual de amor por los demás y de esperanza en la reconciliación de todos los pueblos como hijos del mismo Padre.

¡Hagamos de la oración de Jesús nuestra oración de lo cotidiano y seremos más humanos, más hermanos, universales y libres!

Oración:

Señor Jesús, gracias por enseñarme a orar. Mientras escuchaba tu Palabra de este día, recordé las primeras veces que me dirigí a tu Padre como al mío, y las ocasiones en que lo he invocado con el corazón tembloroso de necesidad. Ayúdame a ser más universal para orar; a intentar, todas las veces en que ore, un sentimiento de paz y de fraternidad. Lléname de esperanza en que un día, los que habitamos el mismo mundo seamos una sola familia con tu Padre en el Espíritu, por tu amor, en la casa del cielo.

Permite que junto con los míos, desde nuestro hogar, vivamos una relación contigo y tu Padre que no sesgue la inclusión de nuestros hermanos; que seamos conscientes, en lo cotidiano, no solo de nuestras necesidades, sino de las de aquellos más vulnerables y de quienes no te conocen o se encuentran lejos de ti. Amén.

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